04/04/06

Pasado...Mi abuelo, mi nonno

Recuerdo a mi abuelo, evoco a mi nonno,
español uno, italiano el otro.
distintos e iguales, llegados de patrias lejanas.


El nonno contando, el vasco callando.
Uno extrovertido, el otro retraído.
¿A cuál amé más? A los dos por igual.


Pero sé que es mentira.
Al que más amé fue al desvalido,
al que llegó solo con sus trece años.


Al que no leía, porque no sabía
al que no escribía, porque no podía
pero a su modo me demostraba que sí me quería.


Al que me llevaba sobre su caballo
por estos mis campos, mirando y callando
y lo comprendía.


Evoco a mi nonno, recuerdo a mi abuelo.

Futuro...Oda a mi niño

Niño inquieto y preguntón
sorprendido y sorprendiendo
lleno tú de tus “¿por qué?”


Preguntas que trato de responder
“¿por qué murió el pajarito?”
“y el río grande ¿dónde está?
“¿y la luna y las estrellas?”


De tu mano pequeñita
voy prendida a mi niñez
sin juguetes electrónicos
yo contigo
persiguiendo panaderos.


Tu pureza, tu ternura
tu sorpresa ante la vida
tu candor y tu inquietud
han logrado contagiarme
de una eterna juventud.

Nuevo despertar de mi vida
castañuelas en tus manos,
panderetas en las mías
eres el sol mañanero
alegría de mi vida.




Ruth Gallo

La copa vacía

Cuando llegué al boliche José estaba ya sentado en la única mesa de lata, bastante oxidada del viejo bar del barrio donde está la fábrica.
Me hace una pequeña seña para que me acerque; ya ha pedido su amarga, la única que toma, y solo de nochecita. Pienso que va al boliche porque necesita , más que tomar, contar su vida como viejo sindicalista, de marchas a pie o en carro a Montevideo, y con gran poder de convocatoria cuando eran muy difíciles esos años de lucha para el obrero.
-Sentate -me dice. -¿Qué tomás?
Yo sólo quería escucharlo, pero le digo:
-Lo mismo que toma usted.
-Pancho, servile una amarga a mi amigo- le grita al que está atrás del mostrador. Después, sonriendo, me pregunta:
-¿Estás seguro que tenés más de dieciocho?
-Claro. Tengo veinte y pico.
-Aquí podemos hablar; en el Sindicato, no; siempre hay alguno escuchando, esos de “lleve y traiga”- me dice. Yo sólo escucho.
-Mirá, botija, mientras el voto no sea secreto nunca habrá democracia en los sindicatos. Ahora, a muchos no les interesa que el obrero pase bien; cuánto más necesiten, ellos pueden “manejarlos” mejor.
-¿Y antes no era así?
-Era parecido, pero yo, que siempre fui obrero, sólo llegué a ser dirigente por voto secreto, cuando se reabrieron los sindicatos después de la dictadura.
Tomé un trago de amarga.¿A José le gusta o la tomará como remedio? Me leyó el pensamiento; entendía a las personas con sólo mirarlas.
-Dejá, botija, no la tomés si no te gusta.Yo, como vos con la caña, voy a dejar la directiva del Sindicato. Estoy aburrido de las zancadillas, de que me pasen pero no me traguen. Eso de “Vos hacé la tuya, que yo hago la mía” nunca lo aceptaré.
-¿Y eso es moneda corriente?
-Si lo será. Apartate, botija, de los del doble discurso, de los que dicen pensar en el obrero y piensan nada más que en acomodarse ellos o en defender al partido (que ya sabés cuál es) a costa del trabajo de los obreros, anteponiendo ideas políticas y traicionándolos en muchos casos.
Lo noto cansado y sin esperanza. La copa vacía (¿como subida tal vez?), la mía, casi llena pero no quiero apurarla. Y sigo preguntando
-¿Por eso se aleja?
-Sí, ahora sabés por qué voy a “tirar la toalla”; no puedo ya más ir contra la corriente; si hay miles de ciegos que no quieren ver, allá ellos, yo me retiro. No tengo esperanza de que algún día se cumpla lo que todos los primeros de mayor dicen: Reivindicar la clase obrera unida sobre las banderías políticas”.
- Bueno, botija, es hora de irme.
En la mesa queda su copa vacía; la mía, casi llena.

Ruth Gallo