04/04/06

Su tapado

Triste, distante, callado,
desanimado.
Buscando de vez en cuando
respuestas en sus zapatos
muy baratos.
Pobre, azul y muy gastado
su tapado
perdiendo está sus hilachas
y las dichas.
Pobre, azul y muy gastado
su tapado.


Mary Colmán

Clásicos

Para Perico podar este parral es encontrarle sentido a la vida: quita lo que sobra y deja lo bueno. Cosas de algunos viejos que hacen limpieza en el ropero de su vida y se van despojando...¿Si ven poco? ¡Mejor, se ve cada cosa! ¿Si oyen menos? ¡Bendición del Gran Viejo! Porque para oír los comentarios de fútbol de hoy en día más vale ser una tapia.Perico no precisó de intérpretes para disfrutar hoy, como todos los domingos, de un buen partido. ¡Qué tiempos los del gran Solé; él sabía relatar. Era un poeta el hombre.
Y rumiando recuerdos arremete con una tijera que como chirriante tijereta corta y pega y vuela, para desesperación de su mujer.

-Viejo, ves poco, te vas a lastimar.

-Perico, el nene va a venir a ayudarte. ¿No podés esperarlo un poco?

Él la oye, claro que la oye, pero el muy zorro busca refugio al abrigo de su sordera. Recorta sarmientos, despunta ramas y desmocha sueños perdidos en la corriente cachazuda de su memoria.

-Mi patrona fue siempre así, mandona; cuando era Blanquita ya mostraba la hilacha, pero el corazón mandaba; cuando fue Blanca no hubo cuartel con mejor sangento que esta casa y ahora, que es doña Blanca, ya no pierde las mañas. Menos mal que yo estoy un poco torpe de oído.

-Perico mirá, llegó el nene.

El viejo se acomoda la boina y sigue podando; si no quiere oír, no oye.

-Don Perico, acá está su hijo para lo que mande, le grita Juancito.

-Vos tenés tus cosas m,hijo...

-No tengo nada papá; es domingo, no hay trabajo, las nenas están en la placita con la madre y el partido ya terminó. ¿Lo escuchaste?

-Sí.

-¿Y?

-Lindo. ¿Es verdad que ese arquero Elduayen es fraybentino?

-Cierto.

-¡Mirá vos!

Podan la parra, el padre testarudo, el hijo protector. Conversan entre ellos con frases cortas, con silencios largos, con gestos sencillos, como los de la gente que se quiere y se entiende.

-Tintorería Biere para ropa manchada
es la que se prefiere
la más acreditada
La ra la ra ...

-Pero, ¿qué canta don Perico?

-Un reclame que oíamos en el Estadio cuando íbamos con tu tío a ver los clásicos; a vos te llevábamos cuando fuiste más grandecito. ¿No te acordás?

-Claro. Y se dice propaganda; decir reclame es del siglo pasado.

-Eso mismo dije, un reclame del siglo pasado.

-Don Porfiado, ¿ qué le parece si lo invito a ver el clásico del domingo que viene?

-¿Clásico?

-Sí, Laureles y Anglo.

-¡Mirá! Laureles y Anglo...En mis tiempos los clásicos por acá eran Río Negro-Soriano, por los campeonatos del Litoral.

-Buenos partidos, ¿no?

-¡Pipí-cucú!...Íbamos en el camión de la barraca, del Tingo,salíamos cantando; a veces alguno inventaba algo, las más repetíamos letras de murgas.Al cruzar el río hacíamos silencio. No sé, sería por el olor dulzón del río, o el chapotear del agua en la balsa o por juntar fuerzas nomás, porque al bajar en la rambla, ya los oíamos:

-¡Triperos!

-¡Vienen los triperos!

Así nos gritaban los mercedarios, por el Anglo, claro.

-Ustedes no se quedarían atrás.

-¡Faltaba más! Como ellos tenían la Pamer les decíamos “papeleros”. ¡Papeleros!

-Las vueltas de la vida viejo; ahora quizás los papeleros, con el tiempo, seremos nosotros.

El padre no contesta; a él el futuro no lo apura, es la nube agobiante y turbia de la nostalgia la que lo está arrinconando.

De un tirón se arranca la boina y respira hondo, resuelto a bailar sobre los recuerdos desteñidos, pronto a ganarse todos los clásicos que la vida le depare, dispuesto a cantar sus mejores goles: Blanquita, este hijo, las nietas, el hecho simple y grandioso de estar vivo.
Y canturrea bajito: Sonó Soriano...Sonó...

-Otra vez la tintorería Biere, viejo.

-¡No!. Esta es superior; de Los locos del Paraíso para los mercedarios. ¡Qué letras tenían aquellas murgas!

-¿Cuál? ¿La que mamá no me dejaba cantar?

-La misma. ¡Dale!

-¡Vamos!


Yo no sé que tienen los papeleros
que no pueden ganar un campeonato
ha de ser que les falta el buen puchero
chinchulines, tripa gorda y buen extracto.


Sonó Soriano, sonó
Sonó Soriano, sonó
como tiene costumbre de sonar
de sonar...


Si Saucedo se para en los tres palos
con su estampa y su estilo rococó
lo ve a Fili y le empieza el temblequeo
y de inmediato dispara p’al batecló.


Sonó Soriano, sonó
Sonó Soriano, sonó
y en la balsa se pusieron a llorar
a llorar...


Padre e hijo, compinches, se divierten, cantan bajo esta parra que ha sido altar del vino festivo, taller de buenos amores, fresca sombra para acunar nietos.
Aquí, esta tardecita, se jugó un gran clásico y el marcador indicó:

Fe en la vida 5
Nostalgia 1


Neneca Aguiar

Primer gol

La joven mujer barría los bordes de los canteros, quitaba algún yuyito, juntaba unas pocas hojas secas...
La tarde del sábado se iba yendo y se aburría entre naderías.
Fue cuando irrumpió Pablito.¡Mamá! y entró abriendo a empujones el portón.
No se asustó; había algo en aquella urgencia alborotada que no era de: -¡Mamá, me sale sangre de la nariz! O de: -¡Mamá, me pegaron una piña en el fútbol! No, había una alegría desbordante en ese grito.

-¿Qué te pasó?

-¡Hice un gol!; lo dijo como exclamaría su padre: -¡Me saqué el 5 de Oro!, como quien proclama convencido: -¡Milagro!

-¡Hice un gol!

-¿Hiciste un gol?

La madre alzó a su ilusionado flaco, y ambos, riendo y gritando, daban vueltas y vueltas abrazados, feliz calesita de risas a corazón abierto.

Gritaron un rato y, cuando agitada lo dejó en el suelo, se le plantó el gurisito de brazos en jarra: -¿No es que a vos no te gustaba el fútbol?

-Callate m’hijo, mirá si no me va a gustar...

Ella estaba maravillada y el flaco, tembloroso, contaba las incidencias del partido: que le hicieron una moña, que me trancaron a lo bruto, que la paré de pecho, que le hamacó la cintura...

-¿Vos sabés, mami, qué es cabecear?

Un estremecimiento de orgullo le hacía temblar las manos mientras untaba manteca en ese pan que su campeón de siete años devoraba. Ella sabía muy bien que su hijo era un “fideo patadura” porque cuando se armaba lío, se lo gritaban sus compañeros y recordaba que tantas veces volvía haciendo pucheros porque “no lo ponían”.

Pero nada importaban pasadas desventuras; este era su momento de gloria; ese gol a su gurí le iba a servir para empezar a trancar con ganas al miedo, para parar con el pecho a la desilusión, y con un buen toque de cabeza mirar de frente a la vida.


-Andá, lavate mientras te preparo algo; y se enfrascó en la leche y la cocoa para desorientar unas lágrimas. ¡Si hasta le dolía el pecho de felicidad!

Y allí están, festejando el primer gol de la corta biografía futbolera de Pablito y la madre palpita en el aliento ya más tranquilo del hijo.

Se miran y se sonríen, cómplices.-¡Qué golazo, mami! Repite casi en secreto:
-¡Qué golazo, mami! Ella revuelve el oro sucio de esos mechones rebeldes mientras le susurra al oído: -¡Gol, gol, gol! ¡Gol, gol!

Y así, teniéndolo abrazado, ve pasar las nubes y llegar la noche...

¡Caramba, qué bueno que es vibrar de alegría de vez en cuando!...



Neneca Aguiar