04/04/06
Primer gol
La joven mujer barría los bordes de los canteros, quitaba algún yuyito, juntaba unas pocas hojas secas...
La tarde del sábado se iba yendo y se aburría entre naderías.
Fue cuando irrumpió Pablito.¡Mamá! y entró abriendo a empujones el portón.
No se asustó; había algo en aquella urgencia alborotada que no era de: -¡Mamá, me sale sangre de la nariz! O de: -¡Mamá, me pegaron una piña en el fútbol! No, había una alegría desbordante en ese grito.
-¿Qué te pasó?
-¡Hice un gol!; lo dijo como exclamaría su padre: -¡Me saqué el 5 de Oro!, como quien proclama convencido: -¡Milagro!
-¡Hice un gol!
-¿Hiciste un gol?
La madre alzó a su ilusionado flaco, y ambos, riendo y gritando, daban vueltas y vueltas abrazados, feliz calesita de risas a corazón abierto.
Gritaron un rato y, cuando agitada lo dejó en el suelo, se le plantó el gurisito de brazos en jarra: -¿No es que a vos no te gustaba el fútbol?
-Callate m’hijo, mirá si no me va a gustar...
Ella estaba maravillada y el flaco, tembloroso, contaba las incidencias del partido: que le hicieron una moña, que me trancaron a lo bruto, que la paré de pecho, que le hamacó la cintura...
-¿Vos sabés, mami, qué es cabecear?
Un estremecimiento de orgullo le hacía temblar las manos mientras untaba manteca en ese pan que su campeón de siete años devoraba. Ella sabía muy bien que su hijo era un “fideo patadura” porque cuando se armaba lío, se lo gritaban sus compañeros y recordaba que tantas veces volvía haciendo pucheros porque “no lo ponían”.
Pero nada importaban pasadas desventuras; este era su momento de gloria; ese gol a su gurí le iba a servir para empezar a trancar con ganas al miedo, para parar con el pecho a la desilusión, y con un buen toque de cabeza mirar de frente a la vida.
-Andá, lavate mientras te preparo algo; y se enfrascó en la leche y la cocoa para desorientar unas lágrimas. ¡Si hasta le dolía el pecho de felicidad!
Y allí están, festejando el primer gol de la corta biografía futbolera de Pablito y la madre palpita en el aliento ya más tranquilo del hijo.
Se miran y se sonríen, cómplices.-¡Qué golazo, mami! Repite casi en secreto:
-¡Qué golazo, mami! Ella revuelve el oro sucio de esos mechones rebeldes mientras le susurra al oído: -¡Gol, gol, gol! ¡Gol, gol!
Y así, teniéndolo abrazado, ve pasar las nubes y llegar la noche...
¡Caramba, qué bueno que es vibrar de alegría de vez en cuando!...
Neneca Aguiar
16:30 Anotado en Neneca Aguiar | Permalink | Comentarios (0) | Email esto



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